La teoría feminista en Ciencias Sociales ha asistido al paso de una situación en que las mujeres eran “invisibles”, que ha dominado a lo largo de la historia de estas disciplinas, a otra nueva, que empieza a gestarse en la década de los ’70, gracias, básicamente, a las vindicaciones de los movimientos feministas, de manera que, poco a poco, se va cediendo espacio y arrojando luz a situaciones y procesos protagonizados por mujeres. De este modo, es posible diferenciar tres tipos de estudios que se han ido sucediendo en el feminismo dentro de las ciencias sociales, a saber:
• Estudios de las mujeres: centrados sólo en la recopilación de datos sobre las mujeres, pero sin que exista, simultánea y necesariamente, conciencia feminista; si bien, pudiera haberla. El objetivo es, pues, conocer la situación de las mujeres.
• Estudios feministas: focalizados en las mujeres y sostenidos sobre una conciencia feminista de reivindicación de los derechos de las mujeres. Además de conocer la situación de las mujeres, el objetivo principal es transformar esa situación, que suele ser de subordinación a un sistema de dominación patriarcal.
• Estudios de género: que no se quedan sólo en el estudio de la situación de las mujeres, sino que consideran las relaciones de género como el objeto de estudio más adecuado, en la medida en que esas relaciones constituyen la unidad de análisis central para el estudio de la situación desigualitaria entre hombres y mujeres, esto es, de subordinación de éstas a aquéllos, en el seno del sistema patriarcal de dominación de género. Por tanto, para transformar esta situación, es necesario estudiar las relaciones entre los sexos, entendidas siempre como relaciones de poder, en la medida en que se trata de relaciones desigualitarias o de subordinación. Así, desde este enfoque, el género es considerado: a) una categoría de análisis; b) vinculado a ello, un principio estructurador de la sociedad.